El cacharrito de la foto mide 11.6 × 12 × 4 centímetros, y es un PC en toda regla. No tan potente como los que solemos utilizar de mayor tamaño, pero con todas sus funcionalidades básicas.
Se llama Fit-PC, lo fabrica la empresa CompuLab y tiene varias características muy interesantes, entre ellas su precio: 285$ (en el momento de escribir estas líneas) y su consumo: entre 3 y 5 W.
Este tipo de sistemas, a los que muchos denominan embebidos (del inglés embedded) no son nada nuevo. Llevan ya muchos años con nosotros. Se popularizaron a finales de los 80 y tuvieron gran desarrollo durante los 90, pero en general suelen tener un ámbito de aplicación muy reducido: el control de procesos industriales. En general, estos dispositivos tienen también un coste que los aleja de otros ámbitos en los cuales un PC convencional puede hacer las mismas funciones aunque, normalmente, a costa de ocupar mayor espacio y consumir mucha más energía.
En el caso del Fit-PC, el precio es bastante económico, y sus capacidades son muy adecuadas para propósitos más generalistas: Además de una CPU AMD Geode a 500Mhz, dispone de 256MB de memoria, 40GB de disco duro, un controlador SVGA con conector, dos conectores USB 2.0, dos conectores RJ-25 de Ethernet 10/100Mbps, un puerto serie, y entrada y salida de audio, y se entrega ya metido en su carcasa y con una versión de Linux instalada (aunque también se puede instalar Windows XP). Todo ello, consumiendo 5W máximo y sin ventiladores de refrigeración.
En ExtremeTech le pegan un repaso, y sus conclusiones eran de esperar: no es especialmente rápido ni gestiona demasiado bien la multitarea, sin embargo, tiene muchas posibilidades cuando se le dedica a una o dos tareas sencillas, y como ya hemos comentado, su versatilidad y su ajustado precio hacen que su ámbito de aplicación potencial sea mucho mayor que el de otros sistemas embebidos. Es especialmente llamativo el hecho de que tenga dos adaptadores de red, lo cual hacen que probablemente sea ideal también para aplicaciones de comunicaciones.
En fin, un producto realmente llamativo, versatil y aparentemente competitivo. Si quieres uno, tendrás que esperar un poco. En la web del producto comentan que al haber aparecido recientemente en SlashDot han tenido un incremento de pedidos y que no podrán atender pedidos nuevos hasta diciembre.
En el sitio web 99-bottles-of-beer.net tienen una actividad de lo más entretenida y muy relacionada con los lenguajes de programación.
La canción "99 bottles of beer" es una vieja canción típica de la cultura anglosajona. Consiste en una estrofa que se repite sin cesar. Empieza diciendo
99 bottles of beer on the wall
99 bottles of beer!
Take one down, pass it around
98 bottles of beer on the wall!
Y luego se repite con 98, 97, 96.... hasta que sólo queda una botella de cerveza, con lo que se canta:
No bottles of beer on the wall!
No bottles of beer!
Go to the store and buy some more (or Go to the store and steal some more)
99 bottles of beer on the wall!
En español existe una canción de este estilo, que quizá conozcas: "Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña, y como veía que no se caía fue a llamar a otro elefante. Dos elefantes se balanceaban.... [ad infinitum]".
El caso es que hacer un programa que imprima algorítimicante la letra de la canción de las 99 botellas de cerveza es relativamente sencillo.
Bueno, pues en la página citada lo hacen en 1123 lenguajes de programación distintos (y subiendo). El algoritmo presentado para cada lenguaje no es necesariamente el más sensato, basta con que el resultado de la ejecución sea la letra desarrollada de la canción. El objetivo de la página es meramente lúdico y admiten aportaciones.
Si es que la informática tiene aplicaciones en los campos más variopintos.
"La inventé porque ronco", afirmó el profesor de informática Daryoush Bazargani, de la universidad de Rostock, en Alemania, que ha presentado recientemente este curioso invento.
Se trata de una almohada convencional, pero que dispone de distintas cavidades inflables en su interior. Está conectada a un pequeño ordenador, que analiza el sonido emitido al roncar. El ordenador varía el aire de las distintas cavidades en función del sonido, haciendo que la cabeza adopte posiciones más adecuadas para respirar y reducir así los ronquidos.
Cuando abrimos el sitio, en nuestro navegador aparece un editor de código que nos permite escribir pequeños fragmentos en JavaScript y ejecutarlos, o bien probar (y modificar, si queremos) algunos de los algoritmos clásicos ya almacenados en el sistema.
El sistema permite no sólo ejecutar los programas de una vez, sino también una ejecución paso-a-paso, con inspección de variables y de la pila de llamadas.
El aspecto de la aplicación es simplemente impecable y muy atractivo. Por supuesto, no es necesario instalar nada en nuestro ordenador.
El objetivo no parece ser el de servir como un entorno de desarrollo, ya que no permite almacenar los programas, sino simplemente un entorno para probar algoritmos.
Los algoritmos que tiene predefinidos están referidos a ordenación, geometría, grafos, números y otros, además de algunas pruebas de capacidades propias de JavaScript.
El pasado día 4 de Octubre se celebró la gala de entrega de los premios Ig Nobel en su 17ª edición.
Estos premios son entregados cada año por la revista Annals of Improbable Research , una publicación de humor, a investigadores científicos que han realizado investigaciones absolutamente serias, pero que con una pequeña vuelta de tuerca pueden arrancarnos una sonrisa. De hecho, su lema es que los premios Ig Nobel "primero hacen a la gente reir y después hacen pensar".
El caso es que los trabajos galardonados este año en las distintas categorías han sido:
Paz: Al Laboratorio de la Fuerza Aérea Patterson Wright, en Dayton (Ohio). Por sopesar la posibilidad de fabricar una 'bomba gay' para provocar la homosexualidad en el enemigo y con ello minar la moral y la disciplina de las tropas.
Lingüística: A Juan Manuel Toro, Josep Trobalon y Nuria Sebastián Gallés, de la Universidad de Barcelona. Por realizar un estudio que demuestra que las ratas a veces no distinguen entre el japonés y el holandés cuando las personas hablan esas lenguas al revés.
Aviación: A Patricia Agostino, Santiago Plano y Diego Golombek, de Argentina. Por descubrir que los hamsters se recuperan mejor del desfase horario -el conocido jet lag- si previamente toman Viagra.
Medicina: al británico Brian Witcombe y al estadounidense Dan Meyer. Por un análisis de los efectos secundarios de introducirse espadas por la garganta. Llegaron a la conclusión de que ocasionaban irritaciones. Al respecto, presentaron el caso de un hombre que se hizo daño en el esófago y al que se le inflamó la membrana protectora de los pulmones "cuando le distrajo un papagayo que tenía en el hombro y que se estaba portando mal". También relataron el de una bailarina del vientre que sufrió una hemorragia "cuando una persona le colocó billetes en el cinto, lo que hizo que se cortase con las tres cuchillas que tenía en el esófago".
Química: A la japonesa Mayu Yamamoto por su método para extraer esencia de vainilla de los excrementos de la vaca.
Física: A L. Mahadevan, de la Universidad de Harvard, y Enrique Cerda Villablanca, de la Universidad de Santiago de Chile. Por su estudio sobre cómo se arrugan las sábanas.
Economía: Al taiwanés Kuo Cheng Hsieh, que patentó en pleno siglo XXI un dispositivo para capturar a atracadores de bancos lanzándoles una red.
Biología: A la holandesa Johanna van Bronswijk por realizar un censo de los ácaros, arañas, crustáceos, bacterias, algas, helechos y hongos que residen en las camas de los seres humanos.
Literatura inglesa: A Glenda Browne, de Australia, por su estudio de la palabra 'the' y los problemas que causa su indexación.
Nutrición: A Brian Wansink, de la Universidad de Cornell, por estudiar el apetito de las personas, al darles un plato de sopa sin fondo cuyo contenido nunca se acababa.
Este mini-resumen de los premios ha sido extraido de wikipedia . En ella puedes encontrar referencia de los premios desde 1991.
La sonda espacial Mars Odyssey ha fotografiado recientemente (Septiembre 2007) lo que probablemente son siete grandes cavidades en la superficie del planeta Marte.
Les han puesto nombre a cada una de ellas: respectivamente Dena (A), Chloe (B), Wendy (C), Annie (D), Abby y Nikky (E) y Jeanne (F), es decir, las siete hermanas.
Se sospecha que son cavidades y no sombras producidads por elevaciones porque las imágenes térmicas denotan que durante el día su temperatura es menor que la superficie que las circunda, pero durante la noche su temperatura es más elevada. Aparentemente, esa forma de manterner la temperatura indica que probablemente son cavidades, pero en ese caso, no se sabe cuál puede ser su profundidad en el caso de ser pozos, o si podrían ser entradas a cavidades espaciosas en el subsuelo.
En cualquier caso, es terreno abonado para despertar la curiosidad y reavivar el incesante debate de la posible vida en marte, bien actual, bien en el pasado.
En las imagenes se pueden apreciar dos flechas: La que pone N indica dónde está el norte. La que pone I indica de dónde viene la fuente de iluminación. Debajo de las flechas se puede ver una escala en metros.
La foto es cortesía de NASA/JPL-Caltech/ASU/USGS y se puede encontrar a mayor resolución (1890×1265).
Hay por ahí muchos lenguajes de programación un tanto esotéricos, como Ook! , que es de mis favoritos, pero éste del que vamos a hablar hoy llamado Piet, del mismo autor que Ook! es de los que se lleva la palma.
El caso es que en el lenguaje Piet, las instrucciones no se escriben con palabras y símbolos, sino que se dibujan sobre un bitmap. Cada color tiene un significado, y las agrupaciones de varios píxeles de colores también, siguiendo una sintaxis precisa... el resultado es que los programas parecen composiciones pictóricas abstractas al estilo de Mondrian. La ilustración que acompaña este texto (está ampliada para que se puedan distinguir los píxeles) es un ejemplo de programa en Piet que devuelve los 100 primeros términos de la sucesión de Fibonacci.
La descripción del lenguaje Piet la puedes encontrar en la página de David Morgan-Mar , junto con otros lenguajes esotéricos, algoritmos esotéricos e incluso un sistema operativo esotérico, todo ello cargado de una buena cantidad de humor frikigeek.
Aunque algunas de las propuestas de David todavía no se han materializado, no es ese el caso de Piet, ya que Erik Schoenfelder ha desarrollado un editor y un intérprete de Piet .
Como nota curiosa, David cuenta que Piet se llama Piet y no Mondrian porque existe otro lenguaje llamado Mondrian -aparentemente abandonado-, de corte menos esotérico.
Aunque fueron escritos hace una pila de años, no han perdido interés.
También puedes encontrar un par de libros acerca del lenguaje Oberon , al que Wirth ha dedicado los últimos años, aunque personalmente, me interesan bastante menos: Project Oberon y Programming in Oberon , ambos de 1992.
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