|
A menudo nos quejamos de que nuestro pc no funciona bien, de que hay que limpiarlo, de que se cuelga. Escuchamos una y otra vez... que tal programa no funciona, que no me bajan las cosas de Internet...
Cualquiera que tenga estudios relacionados mínimamente con los ordenadores está acostumbrado a ser acosado (a menudo cariñosamente) con preguntas como... ¿Por qué no me funciona tal programa? ¿Por qué no se me abre el correo? ¿Realmente somos conscientes de lo que le exigimos a menudo a un ordenador y de lo poco que nos exigimos a nosotros mismos? En este artículo, reflexionamos en voz alta aceca de ello. Dedicado con cariño y respeto a todos aquellos que preguntan sin pudor "Oye, tu que sabes desto...¿Por qué no me funciona el nosequé...?" o "Es que el otro día instalé el nosecuantos versión catorce y el ratón se me atasca ¿Será un virus?" .
Cuando nos iniciamos en el mundo de los ordenadores, muchas veces no tenemos una idea clara de lo que vamos a hacer con él. Estamos muy acostumbrados ya a estas alturas a manejar equipos fantásticos que son capaces de hacer un montón de cosas productivas por nosotros, o torturarnos con opciones y errores que no somos capaces de entender. ¿Qué es, pues, lo que debemos saber acerca de los ordenadores y la informática?... La respuesta es: DEPENDE. Debemos tener en cuenta que un ordenador es un aparato tecnológico, una invención humana que siguiendo algunas leues físicas nos sirve para algún fin. Vamos a intentar explicarlo estableciendo una analogía. Piensa, por ejemplo, en una bicicleta o una tostadora eléctrica.
Ambos cacharros son invenciones tecnológicas: no existen de manera natural, sino que son invenciones humanas que aprovechan las "fuerzas" de la naturaleza, y siguiendo leyes físicas que conocemos, manipulan esas fuerzas para un fin concreto. (Hmmmm... esto concuerda con lo que hemos dicho antes de un ordenador... así que ordenador, bicicleta y tostadora tienen algo en común... ¿Por qué diablos mi tostadora me da muchos menos problemas que mi ordenador)
En el caso de la bicicleta, utilizando las leyes de la mecánica logramos transformar la energía proporcionada por las piernas del viajero en un movimiento hacia adelante. Moviendo el manillar con la energía de las manos logramos que nuestra trayectoria de la marcha varíe también a la derecha o a la izquierda... y así podríamos seguir con todos los componentes de una bicicleta: amortiguadores, frenos.... La tostadora eléctrica también manipula la fuerza de nuestras manos cuando acciona el muelle que acumula esa energía y después hace que las tostadas salten cuando están hechas. Además, la tostadora transforma la energía eléctrica en calor para calentar las tostadas. Pero volviendo al principio... ¿Qué tienen en común una bicicleta y una tostadora?... la respuesta es la tecnología. Ambos cacharros son invenciones humanas que sirviéndose de las leyes conocidas de la física y de alguna forma de energía logran un fin concreto. La tecnología nos rodea, probablemente, desde el principio de la humanidad. Aunque una bicicleta o una tostadora puedan parecernos grandes avances tecnológicos, también lo fueron el hacha de sílex o la polea. Vale... seguramente ya tenemos claro lo que es tecnología de lo que no lo es: una tostadora es tecnología y un arbol o una piedra no lo son. Un ordenador es un aparato tecnológico, como una bicicleta o una tostadora, pero tiene una importante diferencia con ellas, que es lo que hace que nos cueste tanto a menudo acercarnos a él. Mientras la tostadora y la bicicleta fueron diseñados para un fin concreto (desplazarse, hacer tostadas), un ordenador NO. Aunque es posible que los primeros pioneros de la informática tuvieran alguna finalidad concreta en mente cuando crearon los primeros ordenadores rudimentarios, la realidad actual es que tal fin no existe. Los ordenadores actuales son aparatos tecnológicos multifunción: son capaces de llevar a cabo una prácticamente infinita variedad de funciones, y, normalmente los fabricantes de ordenadores no suelen pensar en concreto en ninguna de ellas. (Por supuesto, hay otros muchos aparatos multifunción, por ejemplo, un robot de cocina que pica carne, amasa, corta patatas y un montón de cosas más.... pero el número de funciones que hace es *finito* y normalmente bastante limitado.) Cuando una tostadora sale de la fábrica la podemos utilizar inmediatamente para hacer tostadas. Cuando una bicicleta sale de la fábrica, la podemos utilizar inmediatamente para dar un paseo. Cuando un ordenador sale de la fábrica, normalmente no vale para casi nada útil, aunque en potencia sirva para muchas cosas. Dicho de otra forma, un ordenador es capaz de hacer tantas cosas distintas que no está preparado en su momento inicial para hacer bien absolutamente nada. ¿Qué es entonces lo que le falta a un ordenador nuevo para que sea realmente útil? Quizá estés pensando en periféricos, hardware, o sistema operativo, o aplicaciones... o cualquier otra palabra rimbombante de la jerga informática. Es posible. Pero antes que todo eso, un ordenador necesita una cosa muchísimo más importante: UNA FINALIDAD. Un ordenador sirve para una infinita variedad de cosas pero no para todas a la vez. Para conseguir una finalidad concreta, como ya supondrás, es necesario un software, una programación, que nos ayude. En el ámbito doméstico, o empresarial, o cualquier otro, no se puede pretender que un mismo ordenador sirva para jugar, trabajar con datos importantes, internetear, ver peliculas, escanear fotos, y todo lo que se nos ocurra simultáneamente sin que el sistema se vaya degradando poco a poco. No estoy diciendo que no debamos hacerlo... lo que estoy diciendo es que si lo hacemos debemos ser conscientes de que el sistema se va a degradar, y aceptar sus consecuencias. Intentaré exponer otra analogía (algo forzada) para explicarme un poco mejor. Piensa por ejemplo, en un coche... un turismo. También es un aparato tecnológico que sirve para distintos fines (no tantos como un ordenador), pero muy variados. Un turismo sirve para llevarnos a trabajar, para hacer algún que otro viaje, para ir a la compra, para dar un paseo... pero si pretendo utilizarlo también simultáneamente para meterme campo a través, o para transportar materiales de construcción (ladrillos, cemento, tuberías, herramientas...), o para correr un rallie los domingos, probablemente el turismo se acabe degradando, y no me hará bien ninguno de los cometidos.
Si pretendo correr en un rallie los domingos es mejor que prepare el turismo sólo para eso.... y que no lo utilice para ir a la compra... probablemente será incómodo para eso o consumirá demasiado, o cualquier otro inconveniente... y por supuesto, nada de transportar ladrillos o cemento... me lo terminaría cargando. Si pretendo transportar materiales de construcción (muchos profesionales de la construcción, fontanería, etc... utilizan un turismo para transportar materiales) mejor que dedique el vehículo sólo a eso. Evidentemente, el coche de trabajo de un fontanero, difícilmente podrá correr rallies los domingos o será cómodo para dar un paseo o ir a la compra. Por supuesto que si uno se empeña en competir con su coche en el rallie París-Dakar cargado de tuberías, herramientas, la compra de super, los niños, el perro y la suegra un domingo puede hacerlo... pero obviamente, no hará bien ninguna de las cosas, y el coche terminará por degradarse muchísimo antes que si se dedica a menos tareas. Si queremos hacer esto, quizá sea más sensato tener un coche para trabajar de fontanero, otro para ir a la compra y pasear, y otro para correr el rallie París-Dakar. Cuando adquirimos un ordenador, y queremos que su mantenimiento sea mínimo, lo mejor es decidir cuál va a ser el uso que se le va a dar, y dedicarlo en exclusiva a ese uso. Instalar y desinstalar todo tipo de aplicaciones sin ningún criterio, muchas de ellas de dudosa procedencia y calidad lleva indiscutiblemente a la degradación del sistema. Es conveniente pensar a qué vamos a dedicar nuestro ordenador. Por ejemplo, si vamos a dedicar nuestro ordenador a nuestro trabajo, sea cual sea, y necesitamos tener siempre a punto las aplicaciones que nos lo permiten, es una muy mala idea dedicarlo también a nuestro ocio: juegos, programas de entretenimiento, etc. Es necesario pararse a pensar antes de instalar algo en nuestro ordenador si realmente lo necesitamos. En otros muchos contextos lo hacemos... por ejemplo, cuando vemos algún producto que atrae nuestra atención, un exprimidor eléctrico de última generación... es posible que nos llame la atención, pero antes de adquirirlo pensamos si nos conviene... ¿realmente tomo tantos cítricos como para necesitar este exprimidor? ¿Me cabe en la cocina?... y un montón de cuestiones más. Si necesitamos algún tipo de aplicación concreta (para escanear fotos, por ejemplo), es mejor escoger alguna buena aplicación que nos lo permita y no instalar un montón de aplicaciones que hemos encontrado por no sé donde o que nos ha pasado nosequién. Cuando vamos a comprar una radio para nuestro coche, para poder escuchar música en él, escogemos un modelo adecuado a nuestras necesidades y al precio que estamos dispuestos a pagar, y nos informamos cuidadosamente de sus características. ¿Por qué en nuestro ordenador instalamos todo tipo de aplicaciones sin ninguna meditación y para instalar una radio en el coche miramos un montón de modelos y precios? Debemos tener también en cuenta que el software es un producto fabricado por humanos, y que como cualquier otro producto, lo hay de muchísimas calidades... el software malo abunda... y sus efectos se dejan notar en el ordenador... aunque se desinstale. Si nosotros comemos algo de dudosa procedencia o que no cumple con las mínimas garantías en su calidad, es muy probable que nos siente mal (o incluso cosas peores). Y aunque vomitemos el alimento, su efecto pernicioso hace mella en nuestra salud. ¿Por qué instalamos cualquier cosa en nuestro ordenador sin pensar si realmente cumple unos mínimos de calidad? También suele ocurrir que existe software que no es conveniente instalar simultáneamente con otros, o que no se puede instalar si el ordenador no cumple ciertos requisitos técnicos. Además, en muchos casos ni tan siquiera nos molestamos en aprender un poco acerca del software que utilizamos. ¿Por qué cuando compramos tostadora con más de tres botones nos leemos el manual una y otra vez, y rara vez dedicamos unos minutos a leer el manual del software? ¿Por qué leemos la composición de nuestro champú y casi nunca consultamos la ayuda de un programa? Además, en los tiempos que corren, contamos con una herramienta de comunicación fantástica: Internet... pero es un arma de doble filo. Internet nos ofrece un montón de servicios y posibilidades. Entre ellos, una fantástica cantidad de software, pero no por ello debemos caer en la tentación de probarlo todo sin criterio. En conclusión... si deseamos dar una larga vida a nuestros sistemas debemos cuidar un poquito de ellos, ya que son máquinas maravillosas que nos pueden ayudar en un montón de planos de nuestra vida: trabajo, ocio, comunicaciones... pero no todo a la vez ni de una manera desordenada. Quizá deberíamos dedicar un poco de tiempo a aprender a utilizar el software en lugar de simplemente aplicar una política de prueba y error. Por otra parte, tampoco hay nada de malo en hacerlo... Puede ser una experiencia muy gratificante probar programas que nos descarguemos de cualquier página y ver sus posibilidades, ejecutar todas las demos que queramos de los juegos y entretenernos con ellas... y casi cualquier cosa que se nos ocurra... pero entonces, debemos renunciar a tener un sistema estable... deberemos ser conscientes de que tarde o temprano habrá cosas que no funcionen como es previsto. ¿Cómo conciliar una cosa y otra? Es muy facil. - Si deseamos un sistema estable, tranquilo y que no nos falle, tomemos una decisión clara y firme acerca de cuál será su cometido. Instalemos desde el principio el software que necesitemos y una vez que cubra nuestras necesidades, intentemos mantener el sistema lo más tranquilo posible, utilizándolo todo lo que sea necesario, pero cuando el sistema funciona bien no es necesario introducir cambios. Si una versión de un programa nos funciona bien y se adapta a nuestras necesidades, no es necesario introducir una versión nueva o un programa similar sólo por la promesa de un funcionamiento mejor. Piense que cualquier cambio, por mínimo que sea puede desestabilizar el sistema.
- Si no nos importa la estabilidad del sistema, debemos asumir que se degradará con rápidez. Debemos adquirir al menos las nociones básicas de mantenimiento para retrasar al máximo la degradación, aunque aún así sabemos que lo hará. Debemos asumir también que algunas aplicaciones o funcionalidades dejarán de ser operativas en parte o completamente, y que es muy posible que llegue un momento en el que el sistema haya llegado a un grado en el que sea necesario empezar de nuevo y que es necesario adquirir los conocimientos que nos permitan hacerlo. Si tenemos esto claro podemo instalar, desinstalar, configurar y desconfigurar todo lo que queramos.
|